San Andrés, 1632, óleo sobre lienzo, 1,23 x 0,95 m. Pertenece a una segunda etapa de José de Ribera que dura desde 1625 al 1639, y que se le ha llamado el "período oscuro" de "El Españoleto". Es una gran representacion realista, un estudio anatómico del torso de un cuerpo humano maduro de una gran calidad.
"San Jerónimo" golpeándose con la piedra que lleva en la mano. Seguro que te dice algo su expresión y el violento contraste de la luz que emplea Ribera.
El sueño de Jacob, 1639, óleo sobre lienzo, 1,79 x 2,33 m. Este es uno de los cuadros más famosos de Ribera en el que nos demuestra la influencia que en él ejeció la escuela veneciana, representada en sus estudios con Ribalta y posteriormente con Caravaggio. Mezcla sabiamente el naturalismo con un ambiente oscuro, casi bicolor, que resalta la figura humana. Jacob aparece dormido en un escenario teatral con una iluminación violenta que ensalza el realismo físico de la figura.
El Patizambo, 1641, óleo sobre lienzo, 1,64 x 0,92 m La figura del joven mendigo, con todas sus anormalidades físicas, aparece modelada de acuerdo con principios de la aplicación del claroscuro que corresponden a la enseñanza caravaggiesca. Como ha sido representada tomando un punto de vista muy bajo, adopta una monumentalidad similar a la de los retratos reales; la impresión se halla reforzada por el nítido fondo de celaje. Sin duda que la composición responde también al estudio de los pintores italianos del Renacimiento y al conocimiento de la pintura flamenca de la época. Por encima de todo prevalece, no obstante, un sentimiento típicamente hispánico. Esta obra recuerda, a la vez, cuadros de Velázquez y de Zurbarán. La personalidad del personaje, su condición de mendigo, se halla claramente expresada por la inscripción que aparece en el papel que sostiene en su mano izquierda: “Da mihi elimosinam propter amorem Dei”. No cabe la menor duda de que Ribera, como Caravaggio, se sirvió para este cuadro de un modelo real, extraído del nivel social más desfavorecido de la época. La obra revela, en suma, una impresión de amargura y de desencanto ante la vida que la sitúa en línea, por ejemplo, con la novela picaresca.